sábado, marzo 15, 2008

La búsqueda de la felicidad


A lo largo del tiempo, numerosos sabios, filósofos y pensadores nos han dado las claves para ser felices. Las antiguas civilizaciones querían conocer su futuro observando el presagio de los astros o el vuelo de las aves o el signo de las manos. Eran sus arcanos más íntimos. Hoy exploramos los vaticinios del horóscopo o conocemos nuestra carta astral o entregamos nuestra mano a la gitana para que nos lea la buenaventura. Nada ha cambiado sobre el futuro y la felicidad en el signo de los tiempos. Muchos de los que lean este artículo tendrán notorias razones para pensar que vivimos marcados por nuestro destino y nada podemos hacer para cambiarlo. Pero en el indiferente universo, los filósofos han buscado en las galerías de su memoria y nos han dado sabias y sutiles máximas para ser feliz.

Allá por el año 341 a.C. nació en la isla de Samos un niño denominado Epicuro, de temprana vocación por la filosofía que nos ha ofrecido un elenco de mensajes y principios para adentrarnos en ese misterio hermoso que es la felicidad. Hay otros muchos nombres que las generaciones actuales y las venideras no se resignarán a olvidar. Epicuro tenía treinta y cinco años cuando fijó su residencia en Atenas. Vivía en un jardín que la tradición reseñaba como idílico cuando en realidad era un modesto huerto. Séneca nos cuenta que en la entrada había una inscripción que invitaba a la alegría y a la confianza: Aquí te hallarás a gusto, huesped, aquí el placer es el bien supremo. En este pequeño huerto proponía una convivencia serena basada en el trato amable, el cultivo de la amistad, el rechazo a las riquezas y poderes, el encuentro con la naturaleza, madre, guía y protectora, la búsqueda de la sabiduría y alejar el temor a la muerte. Epicuro envejeció en su jardín rodeado de sus amigos y feliz a pesar de su limitada salud.

La vida epicúrea ha sido interpretada, defendida, elogiada o censurada por numerosos filósofos y pensadores elocuentes o sensibles: Cicerón, Lucrecio, Horacio, Séneca, Petronio, Shakespeare, Bocaccio, Cosma Raimondi de Cremona, Lorenzo Valla, Erasmo de Rotterdam, Petrarca, Gracian, Quevedo, Feijoo, Nietszche, Diderot, D'Holbach, Gabriele d'Annunzio y otros muchos. Epicuro niega el destino, propone la afirmación de la vida frente a la negación de la muerte. Hemos de gozar la vida, no prepararnos para la muerte. Es un agnóstico que incita a la intensidad de la vida marcada por los sentidos. Invita al placer como el principio y el término de una vida feliz. El placer máximo es la ausencia de todo dolor. A la amistad la considera como el más grande de los bienes. En los comienzos del siglo XXI la vida epicúrea está de plena actualidad. En una sociedad en crisis con pérdida de valores religiosos, cada vez más agnóstica y anticlerical, sólo queda la afirmación de la vida, el gozo, los placeres bien elegidos y vivir intensamente el tiempo. A nadie se le niega la posibilidad de ser feliz, la aventura de la amistad por la que se da la vida parece la mejor propuesta en una sociedad caótica.

Destacaré algunas de las sonoras y enfáticas máximas de Epicuro para una vida de felicidad: La sabiduría es germen de la felicidad y a todos alcanza por igual. El recto conocimiento de nuestros deseos conduce a la felicidad. El placer es el bien supremo. La prudencia es el más excelso de todos los bienes. Conoce la naturaleza, sólo si la escuchas serás feliz. La sensación es fuente del conocimiento. La amistad es la máxima bondad de la vida. La justicia se cimenta en un pacto de no agresión. Las leyes varían con las circunstancias. La naturaleza enseña que la felicidad reposa en el placer.

Bertrand Russell, premio Nobel de literatura en 1950, escribió en 1937, durante nuestra irracional guerra civil -parece un sarcasmo- un clásico para ser feliz: La conquista de la felicidad. José Antonio Marina y Marisa López en su Diccionario de los sentimientos tienen un capítulo dedicado a Historias de la alegría y la felicidad. En el año 2006, el psicólogo Bernabé Tierno ha publicado un libro con el título: Hoy, aquí y ahora. Estás a tiempo de ser feliz. De esta misma época es: El viaje a la felicidad de Eduardo Punset y Tropezar con la felicidad de Daniel Gilbert.

Nadie ha logrado destejer el arco iris ni darnos la fórmula mágica para ser siempre felices. Quizás lo mas importante es que seamos felices por un instante y que ese instante llene nuestra vida.

sábado, marzo 08, 2008

Día de reflexión


Hoy día de reflexión, tras el vil e irracional asesinato de ETA, del exconcejal del PSOE Isaías Carrasco, ayer en Mondragón, voy hacer honor al mensaje y a pensar en voz alta sobre nuestra actual democracia constitucional. El origen de la democracia nació en Grecia y específicamente en Atenas. La palabra democracia es la combinación de dos palabras griegas: Demos que significa el pueblo organizado y kratos que significa poder o gobierno.

La historia de la democracia ateniense tiene tres nombres y precursores concretos: Solón que vivió en el siglo VI-VII adC., considerado como uno de los Siete sabios de Grecia y conocido por la elaboración de la Constitución Soloniana que abolía las denominadas leyes draconianas elaboradas por el riguroso y duro Dracón que ocupó en la misma época el cargo de arconte epónimo, magistrado del gobierno. Clístenes que estableció el principio de igualdad de derechos para todos los ciudadanos e incrementó la participación popular en el gobierno y Pericles, rodeado de gloria, significado del nombre, excelente político, ciudadano honesto y virtuoso, promotor de las artes y la literatura, construyó la Acrópolis de Atenas, incluido el Partenón y fue el gran defensor de la democracia griega.

En la democracia actual hay tres valores que considero esenciales en un Presidente de Gobierno: Inteligencia, astucia y honestidad. De las definiciones que ofrece sobre inteligencia el diccionario de la RAE me quedo con la más adecuada para un buen presidente: habilidad, destreza y experiencia. También por definición, un hombre astuto es agudo, hábil para engañar o evitar el engaño. Sobre la honestidad, decencia u honradez en un político no hay discusión. Es un valor indiscutible.

En esta legislatura ya terminada, ha habido tres asuntos que han puesto a prueba la capacidad y astucia de nuestro presidente Zapatero, el nuevo Estatuto de Cataluña, la negociación con ETA y la situación económica. ¿Ha sido hábil Zapatero en la negociación del Estatuto? A las personas, incluidos los políticos, no hay que juzgarlas especialmente por sus palabras sino por sus hechos. Analicemos estos. ¿Qué consecuencias ha tenido el Estatuto de Cataluña al aprobarse sin el consenso de todos los partidos? Siete recursos en el Tribunal Constitucional. Uno, presentado por el Defensor del Pueblo, dos, por Comunidades Autónomas gobernadas por el PSOE y los otros cuatro por el Partido Popular. ¿Cómo va a resolver al final el Tribunal Constitucional los recursos? ¿Visto lo visto en la querella penal de los Albertos, dependerá de quien gane la elecciones? ¿Ha sido astuto Zapatero en la negociación con ETA? ¿Siguió negociando tras el atentado de Barajas en la T4? ¿Mintió? ¿Cómo han terminado las negociaciones? Con ruptura de la tregua y nuevos asesinatos. En cuanto a la situación económica sólo dos datos de economía familiar: la inflación a final de febrero de 2004 era de 3,3% y a final de febrero de 2008 es de 4,4%, el número de parados en febrero de 2004 era de 1.751.894 personas y en febrero de 2008 es de 2.315.331 personas.¿Ha mejorado nuestra economía personal después de cuatro años? Son preguntas que cada uno puede responder y de las que no voy hacer ningún juicio de valor. Los datos y los hechos se constatan. ¿Le dará España a Zapatero una segunda oportunidad? Que cada persona que lea este blog saque sus propias conclusiones y vote el 9M lo que quiera. O con fuerza o con cabeza y corazón o con lo que quiera.

Tres mensajes para el día de reflexión. Uno de Charles de Gaulle: Como los políticos nunca creen lo que dicen, se sorprenden cuando alguien sí lo cree. Otro de Arnold J. Toynbee: El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan. Y el tercero de Albert Einstein: El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad.

sábado, marzo 01, 2008

II Centenario de la Guerra de la Independencia en Plasencia y Comarca


Este año se celebra el II Centenario de la Guerra de la Independencia en España. Del primer grito de auxilio fue autor el Alcalde de Móstoles: La Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles acudid a salvarla. Mayo 2 de 1808. El Alcalde de Móstoles. La insurrección popular del 2 de mayo fue brutalmente reprimida por los franceses. El mensaje del Alcalde llegó muy rápido a Extremadura donde se organizó un levantamiento general contra los franceses al grito de ¡Viva Fernando VII y mueran los franceses! En Cáceres se formó una Junta de Gobierno encargada de coordinar y dirigir los asuntos públicos. Plasencia fue centro de comunicación y paso de las tropas francesas desde Castilla a Extremadura por el Puerto de Béjar y desde Navalmoral de la Mata y Talavera de la Reina hacia Badajoz y Portugal. Las instituciones tradicionales españolas fueron incapaces de controlar la situación y se produjo un vacío de poder que afectó al Antiguo Régimen. Nacen nuevas formas políticas liberales y constitucionales impulsadas por la voluntad popular.

En Plasencia y en los Santos de Maimona hubo derramamiento de sangre. Al amanecer del 8 de junio de 1808, al grito de muerte a los traidores afrancesados, se organizó un amotinamiento en la Plaza Mayor de Plasencia que concluyó con la detención y muerte de varios vecinos placentinos por connivencia con los invasores. Los ánimos se pacificaron con la intervención de Fray Manuel Redondo, religioso del Convento de San Francisco. Los placentinos constituyeron la Junta Local de armamento y defensa presidida por el obispo Lorenzo Igual de Soria. En primer lugar se pidió en la margen derecha del Tajo y en todos los pueblos próximos a Plasencia que todo aquel que pudiera se armara. Hubo una respuesta mayoritaria y con los armados se formaron cuatro batallones en Plasencia, Jaraiz de la Vera, Navalmoral de la Mata y Coria. Los que no tenían armas podían colaborar con dinero o con otras ayudas. Se consiguió una importante recaudación. La Junta Superior de Extremadura reunió un ejército de 13.000 hombres y más de 1.200 caballos, junto a otros voluntarios.

El 24 de diciembre se conoció que el general Lefevre se dirigía desde Talavera de la Reina a Plasencia con un ejército de 24.000 hombres. La Junta Local dispuso que cuantos hombres tuvieran armas tanto en Plasencia como en los pueblos limítrofes salieran hacia el río Tiétar y se apoderaran de las barcas de la Bazagona protejiendo la margen derecha de la mejor forma posible. El 25 de diciembre llegaron las tropas francesas al río y las tropas placentinas y veratas opusieron resistencia hasta el día siguiente en que el ejército francés lo pudo atravesar. En su camino hacia Plasencia llegaron a Malpartida donde en venganza saquearon e incendiaron más de 120 casas. Numerosos vecinos salvaron sus vidas huyendo de la población. El 28 de diciembre entraron por primera vez las tropas francesas en Plasencia. A lo largo de la guerra ocuparon la ciudad en otras once ocasiones. La crueldad de los franceses contra los vecinos de Malpartida de Plasencia extendió el miedo entre los placentinos que raudos abandonaron la ciudad. Se adelantaron 200 caballos dragones que apenas llegaron solicitaron al nuevo Corregidor, Francisco Serrano, provisiones y lugar de alojamiento para los 24.000 hombres, bajo amenazas de muerte, saqueo e incendio de los edificios privados y públicos. Pidieron 100.000 raciones de pan, carne, vino y raciones de paja y cebada para 4.000 caballos.

Los distintos destacamentos franceses que asaltaron Plasencia y los pueblos de alrededor estuvieron al mando de los mariscales Soult, Ney y Portier. En varias ocasiones saquearon completamente la ciudad y arrasaron las cosechas de uva, frutos, otros productos y cuanto ganado de toda clase y condición pudieron sacrificar. Además de las aportaciones que exigían en metálico de miles de reales. El 27 y 28 de julio de 1809, las tropas inglesas y españolas al mando del Duque de Wellington y el General Cuesta se enfrentaron a las francesas al mando del General Victor en el río Alberche junto a Cazalegas y obtuvieron una victoria parcial. El 1 de enero de 1810 la Junta Central que estaba refugiada en Cádiz convocó elecciones en toda España que eligieron a los diputados a Cortes que, en Cádiz, redactaron la Constitución de 1812. Extremadura logró reclutar un ejército de más de 20.000 hombres al mando del Marqués de la Romana. La ciudad de Plasencia con tantas invasiones tuvo una pérdida importante de vidas humanas, entregó a las tropas francesas 1.434.489 reales y quedó maltrecha y arruinada. La última presencia de huestes napoleónicas se produjo el 20 de julio de 1811 y su abandono definitivo el 21 de diciembre de ese mismo año. En estas fechas, tras varias derrotas, Napoleón comenzó a retirar sus ejércitos de España para organizar su campaña en Rusia.

sábado, febrero 23, 2008

La fundación de la Diócesis de Plasencia


Alfonso VIII de Castilla muestra voluntad de crear una nueva diócesis a finales del siglo XII en la Extremadura castellana para frenar la agresividad expansionista del reino de León en la repoblación, separado de Castilla a la muerte de Alfonso VII el Emperador. Era una tarea árdua por los muchos agentes que intervenían especialmente en el ámbito civil y religioso. Plasencia era entonces una ciudad de frontera expuesta al enemigo musulmán. La creación de un nuevo concejo implicaba el correspondiente obispado dentro del mismo territorio. Aunque en esta época el Papa tenía su jurisdicción y facultades eclesiásticas en la creación de las nuevas diócesis a través de los metropolitanos, en la práctica aceptaba las decisiones de los poderes civiles. A veces por encima de las razones jurídicas se imponían razones temporales o de eficacia. Con la fundación de la ciudad de Plasencia en la primavera de 1186 y la creación de la diócesis en 1188-1189 quedaba ordenado un territorio que mantuvo graves conflictos con las diócesis limítrofes y en especial con Ávila. El rey se desplazó personalmente desde Toledo el 12 de junio de 1186 y estableció el emplazamiento de la nueva ciudad junto al río Ambroz, afluente del Alagón, sobre unas ruinas romanas, y la denominó Ambrosia, “in diebus fundationis eiusdem urbis”, cambiado poco después el emplazamiento y el nombre por Plasencia. Para obviar obstáculos de la sede abulense el rey concedió a ésta las tercias de las rentas reales, en Plasencia ( 2 de enero de 1187 ), entre las que enumera los quintos, los portazgos, homicidios, caloñas, monedas, tiendas, marzazgo y vecinazgo de los judíos.

Alfonso VIII de Castilla negoció con Fernando II rey de León la devolución de Trujillo, Monfragüe, Santa Cruz y Montánchez el 21 de marzo de 1181 en Medina de Rioseco y marcaron temporalmente las fronteras de sus respectivos reinos en el límite del río Cea entre Valladolid y León. Las murallas placentinas que empezaban a construirse iban a frenar el peligro musulmán y el leonés pero provocarían un grave conflicto con Ávila por encontrarse dentro de su término. Un antiguo proyecto preveía la repoblación placentina dentro de la diócesis de Ávila a la que pertenecía. Incluso los primeros núcleos de población fueron impulsados por los obispos de Ávila, Sancho (1160-1181) y Domingo II (1187-1190) que presentó una queja al entonces Papa, Clemente III, pero éste, ante las instancias del rey, autorizó al año siguiente la creación de la nueva diócesis de Plasencia.

El arcediano nombrado por Ávila, Pedro de Taiaborch, fiel al clero y vecinos placentinos declarados en rebeldía contra el obispo abulense, es acusado de traidor por el prelado. Se encarga al arzobispo de Compostela la misión de convencer a los placentinos la vuelta a la jurisdicción y obediencia del obispo de Ávila. Pero fue éste, finalmente defensor de la causa del rey, el que ejecutó las letras pontificias de Clemente III y su bula papal instituyendo al obispo placentino. Toledo que aspiraba a lo mismo perdió protagonismo en esta causa. Pedro de Taiaborch candidato del rey para primer obispo no logró su objetivo y el cargo recayó en D. Bricio. Ávila siguió atacando la deslealtad de Taiaborch para no enfrentarse directamente con el rey y al final cedieron con la búsqueda de compensaciones reales. Pero la expansión de la diócesis de Plasencia hacia el norte y el sur generó nuevos conflictos con la de Ávila y especialmente con la incorporación de Béjar. En 1235 una bula de Gregorio IX otorgaba a Plasencia las iglesias de Béjar y Tornavacas.

La diócesis de Toledo, como primada de España desde 1088, también planteó su batalla y sus aspiraciones a Plasencia. El arzobisbo Rodrigo Jiménez de Rada reivindicó sobre el Papa Honorio III como referente geográfico y eclesiástico de la diócesis el denominado por los árabes como reino de Toledo. Y solicitó en un escrito expedido en Letrán el 8 de febrero de 1217 para la propia diócesis: «omnes illas ecclesias que sunt citra Chilon et MigneÇa et Magazella et Medellin et Turgellum et Safariz, iuxta flumen quod dicitur Tietar cum toto campo de Aranuelo versus Toletum construende». Todas aquellas iglesias de tierras extremeñas y placentinas de Miknasa, Magacela, Medellín, Trujillo, Jaraiz y todo el Campo de Arañuelo. Este conflicto estuvo presente durante varios años. Plasencia ganó la batalla territorial y el derecho a extender su jurisdicción extremeña, ratificada por el Papa y por el Rey, hasta el Guadiana. Reivindicó asimismo Toledo, como sede metropolitana, un supuesto "ius spirituale" sobre Plasencia contra Compostela, heredera histórica. A pesar de que algunos autores, sin pruebas documentales, manifiestan el triunfo de Toledo, en fechas posteriores Plasencia tenía presencia en los concilios provinciales compostelanos.

A partir del concordato de 1851, y durante casi siglo y medio la diócesis placentina fue sufragánea de la Iglesia Metropolitana de Toledo. Finalmente el 28 de julio de 1994, el Papa Juan Pablo II creó la provincia eclesiástica Emeritense- Pacense que agrupaba a las tres diócesis extremeñas: Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres, Plasencia. La extensión de la Diócesis es algo superior a los 10.000 km 2 repartidos en tres provincias: Cáceres (donde está la mayor parte del territorio diocesano y donde se localiza la capital del obispado, Plasencia), Badajoz (con ciudades como Don Benito, Guareña, Medellín patria de Hernán Cortés, y Navalvillar de Pela) y Salamanca con la ciudad de Béjar. El Obispo actual es Mons. Amadeo Rodríguez Magro (desde 31–VIII- 2003).

sábado, febrero 16, 2008

La talla de la Virgen de Guadalupe


No hay una fecha exacta sobre el comienzo de la devoción a la Virgen de Guadalupe. Distintos autores la sitúan entre la época de Alfonso X el Sabio (1252-1284)y su biznieto Alfonso XI de Borgoña, El Justiciero (1311-1350). En esta época se narra su aparición junto al río Guadalupe y el encuentro de su venerada imagen. Las antiguas leyendas dicen que se apareció a un pastor, anónimo entonces, e identificado como Gil de Santa María en el siglo XVI y como Gil Cordero en el siglo XVIII. En la Edad Media era habitual que los pastores en su extensa transhumancia por montes y valles encontraran imágenes que los cristianos en su huída de la persecución musulmana guardaban en cuevas o lugares recónditos. Diego de Écija cita las palabras que la Virgen transmitió al pastor en su aparición: No temas que yo soy la Madre de Dios, salvador del linaje humano; toma tu vaca y llévala al hato con las otras, y vete luego para tu tierra y dirás a los clérigos, lo que has visto y decirles has de mi parte que te envío allá, y que vengan a este lugar donde ahora estás, y hallarán ende una imagen mía. Y cuando la sacaren, diles que no la muden ni lleven de este lugar donde ahora está; más que hagan una casilla en la que la pongan. Ca tiempo vendrá en que en este lugar se haga una iglesia y casa muy notable y pueblo asaz grande.

La talla original de la Virgen de Guadalupe es de autor desconocido, en madera labrada y policromada. Es una escultura románica de finales del siglo XII con la Virgen sentada y el niño en su regazo. Una imagen sencilla de inspiración bizantina. Tiene una altura de cincuenta y nueve centímetros y pesa tres kilos novecientos setenta y cinco gramos. Destaca su faz negra, nariz recta, mentón ateniense y grandes ojos. Tiene los pies calzados con zapatos negros. La mano derecha, sustituida en el siglo XV, empuña el cetro. Éste y la corona son del siglo XIV. El Niño, con cara de adulto, está sentado en el regazo de su madre. Es del mismo estilo, época y autor de la Virgen. Mide veintitrés centímetros y pesa doscientos cinco gramos. Su mano derecha es de plata, labrada en el siglo XV en sustitución de la primitiva y en actitud de bendecir. Lleva corona regia.

La imagen ha tenido varias modificaciones. La más antigua se realizó en el siglo XIV para presentarla vestida con suntuosas telas: saya, manto, toca, corona y cetro. Y la más moderna en 1984, restaurada totalmente por un equipo de especialistas formado por Joaquín Arquillo, Silvia Martínez y Juan Abad dirigidos por el catedrático Francisco Arquillo Torres. En 1928 se reforzó la imagen para que soportara el peso de la nueva corona obra del orfebre Félix Granda con motivo de la coronación canónica de la imagen. En 1967 se hizo un importante trabajo de tratamiento contra termitas y otros insectos realizado por Sebastián de la Torre Arredondo. Éste otorga a la talla una excesiva antigüedad y remonta su origen al siglo VI en plena época visigótica. El 10 de agosto de 1975, el catedrático de Arte e Iconografía de la Universidad de Sevilla, José Hernández Díaz examinó minuciosamente la escultura e hizo un valioso informe técnico de la misma que dató como finales del siglo XII. En próximos artículos me referiré a la epoca de construcción del Monasterio e Iglesia.

sábado, febrero 09, 2008

La salud a través de la actividad física


"Mens sana in corpore sano" es una frase latina que forma parte de una plegaria a los dioses del poeta latino Juvenal que vivió entre finales del siglo I y principios del siglo II de nuestra era. El poeta nos enseña a pedir lo que más nos conviene: la salud integral de la mente, el cuerpo y el alma. Una mente sana, un cuerpo sano y un alma fuerte. La práctica de actividad física de forma regular acondicionada a las características de cada uno aporta efectos beneficiosos para la salud. Esta afirmación está probada por numerosos científicos en el transcurso de los siglos y especialmente en el nuestro. En la Grecia clásica ya encontramos vínculos entre el ejercicio físico y un buen estado de salud. Los efectos perniciosos del sedentarismo han creado una conciencia social sobre el ejercicio y la salud física y psíquica de la persona. En 1948, la OMS definió la salud y aún esta vigente: la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no tan sólo la ausencia de enfermedad. Cuando mencionamos la salud lo hacemos desde una perspectiva integral. A través de la actividad física influimos en la salud como acción preventiva, efectos sobre el bienestar y función rehabilitadora.

Un humanista inglés del Renacimiento, Richard Mulcaster, escribió en 1581 una obra denominada Positions sobre el ejercicio físico, la educación y la salud. Destacaba la importancia de educar en los primeros años conjuntamente lo físico, lo intelectual y lo espiritual para formar un hombre integral. En la historia de Inglaterra está considerado como el padre de la pedagogía inglesa. Favorecía una educación armónica y equilibrada en la que el cuerpo tenía un papel relevante y la educación física era fundamental para el mantenimiento y progreso de la salud comunitaria. Sus conceptos de salud y enfermedad eran similares a los que tenían Hipócrates, médico griego del siglo V adC, y Galeno también griego del siglo II ddC. Tanto Mulcaster como los principales investigadores de nuestro siglo exponen tres clases de hábitos de vida saludable:

- Una alimentación correcta.
- La práctica adecuada y regular de actividad física.
- Descanso adecuado y de duración a propiada.

El sedentarismo deteriora el organismo y lo conduce a la enfermedad. En nuestra sociedad actual la práctica habitual de ejercicio físico tiene más sentido que nunca. En la cuarta Conferencia de Promoción para la Salud celebrada en Yakarta (Indonesia) en 1997 se consideró a la actividad física como una de las diez principales prioridades para la promoción de la salud pública y uno de los desafíos futuros más importantes. Interesa más desde el punto de vista de la salud pública lograr que la población sedentaria se convierta en activa que los activos incrementen su nivel de práctica. En la actualidad, la actividad física es una herramienta de prevención de las enfermedades denominadas "de la civilización o degenerativas". Contribuye a alargar la vida y a mejorar todas las funciones orgánicas. El ejercicio tiene efectos beneficiosos sobre el aparato respiratorio: Entrena los pulmones, ensancha el torax y limpia los conductos. En el aparato cardiovascular: limpia los conductos de la sangre y ayuda a que fluya. Sobre el metabolismo, se incrementa el calor natural, mejora el apetito, alivia las digestiones pesadas, libera los humores innecesarios y ayuda a desechar los excrementos que no sirven para nada. Finalmente sobre el aparato locomotor, moldea partes del cuerpo, evita el entumecimiento, fortalece la extremidades débiles, mantiene las articulaciones con movilidad, sujeta los ligamentos, activa los músculos y fortalece los tendones. Pero este ejercicio físico como cualquier manifestación humana tiene un componente físico, psíquico y social.

Los últimos estudios en población general indican que la práctica de una actividad física regular, estable y moderada ayuda a mejorar tanto la salud física como la psicológica, incrementando y mejorando la calidad de vida. La práctica de ejercicio regular contribuye a instaurar estilos de vida más saludables y a reducir o eliminar factores de riesgo asociados al sedentarismo. La actividad física reduce la tasa de mortalidad por enfermedades coronarias, disminuye la tensión arterial y ayuda a la pérdida de peso. Disminuye el riesgo de padecer diabetes. Si no ha cambiado su estilo de vida aún está a tiempo. Estimule el hábito hacia el deporte o la actividad física y notará sensación de bienestar. Paseos rápidos, carreras, natación, subir y bajar escaleras, ciclismo, danzas y bailes, senderismo, esquí o remo son prácticas aeróbicas que incrementan la acción del sistema pulmonar o cardiovascular. Hay que eliminar con el ejercicio el sobrepeso y tener una actividad física superior. Este ejercicio es necesario en todas las edades y es un factor protector ante los hábitos nocivos(tabaco, alcohol y otras drogas). El cardiólogo español Valentín Fuster acaba de afirmar que en los últimos años, la evidencia científica de la bondad del ejercicio físico para nuestra salud es abrumadora. Mover los músculos activa cascadas moleculares beneficiosas para innumerables funciones metabólicas y el nivel de endorfinas (sustancias que nos proporcionan serenidad y placer) se mantiene elevado. Y los males que afectan a nuestra sociedad, como el estrés crónico, la ansiedad y la depresión se mantienen a raya. La salud se alcanza a través de la actividad física y ésta última tendría que ser una prioridad clara para cualquier político. Terminamos como empezamos: «orandum est ut sit mens sana in corpore sano. » Pidamos a los dioses decía Juvenal o a Dios digo yo (para los creyentes) que tengamos una mente sana en un cuerpo sano. Teniendo salud se puede alcanzar todo lo demás.

domingo, febrero 03, 2008

La recreación del Carnaval


Madrigal ha disfrutado hoy de la fiesta del Carnaval. Todo el pueblo estaba en la calle y participaba recreándose en el espectáculo público. Ha vuelto con fuerza el poder subversivo de los disfraces y las máscaras. En su elección y elaboración ha habido una gran dosis de creatividad y fantasía. Las comparsas con sus bailes, pantomimas y parodias musicales han transformado la calle en un gran escenario teatral de sátira y diversión. Actores de todas las edades que con su amplia gama de disfraces y maquillajes en variados colores y distintos personajes, héroes, villanos, princesas, indios, representaron magistralmente la divertida comedia del arte. El Carnaval, en sus orígenes, era una fiesta de diversión y desenfreno, hedonista y libertina.

La palabra carnaval tiene origen latino, carnem levare, ausencia o adios a las carnes en los días de Cuaresma. Aunque está vinculada al calendario cristiano, en la época romana se celebraban unas fiestas similares en honor de Baco, dios pagano del vino, denominadas "bacanales" o en honor de Saturno, dios de la siembra y la cosecha, denominadas "saturnalias". El uso de las máscaras se encontró en el antiguo Egipto y en Grecia. Pero el uso preciso de la careta o máscara en Carnaval apareció en el de Venecia como medio de alegría o como vehículo de ocultación, venganza o conspiración o como método que facilitaba los romances o amoríos. En el transcurso de los años cada país, región o pueblo ha implantado sus formas o ha impuesto diferentes estilos, costumbres o vestimentas.

En El Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, de 1330 ya se narra la pelea que hubo entre don Carnal con la Cuaresma. En la Edad Media el Carnaval ya tenía vida propia, era una fiesta atrevida. La comida tenía un gran importancia. Cuaresma era la dueña de los habitantes del mar, el arenque, la ballena, el esturión mientras D. Carnal imponía gran cantidad de tocino, lomos y jamones. Cuaresma y Carnal, grandes rivales y enemigos luchan por la vida y por la fiesta. Ambos son caras de una misma moneda. Cuaresma tiene un autoritario reinado de cuarenta días y el resto del año gobierna Carnal. A este último se le asociaba con el sexo y la lujuria mientras Cuaresma practicaba la abstinencia sexual. El poema del Arcipreste está lleno de alusiones eróticas. La equivalencia mesa-cama tenía un claro simbolismo sexual. El Carnaval es un gran himno a la vida y una tremenda lucha contra la muerte. Al final explota el dique de la sexualidad reprimida y el instinto natural se impone con fuerza. Caen los tabúes dietéticos y sexuales. La muerte biológica espera y da paso al apetito sexual. La reproducción hace inmortal a la especie humana por encima de las vidas individuales. Como Unamuno reivindica la exigencia de no morir del todo, vivir siempre en los otros. Lo que no es eterno no es real.

En el Renacimiento, el Carnaval es una auténtica subversión de lo sagrado y lo profano, lo culto y lo popular, lo serio y lo jocoso. En nuestro siglo XXI vivimos permanentemente en Carnaval. Con nuestras máscaras y disfraces diarios soñamos despiertos. Somos lo que escenificamos o idealizamos. Buscamos cada mañana un personaje con fantasía y magia propia que huya de la vida monótona y al llegar la noche nos encontramos con el misterio de la realidad. Pero no hay que desfallecer. Antonio Machado decía que en España hace falta un loco que intente la aventura. Un loco ejemplar. Aún podemos demostrar nuestro espíritu quijotesco.

sábado, enero 26, 2008

El honor y la honra en la Edad Media bajo el Fuero de Plasencia


El artículo 18.1 de la Constitución Española de 1978 garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Actualmente está considerado como un derecho fundamental. Sin embargo a lo largo de la historia no ha sido un concepto unívoco ni ha tenido la misma significación. Ha dependido de las normas, valores sociales y morales vigentes en cada momento. El diccionario de la Real Academia Española define el honor como buena reputación y la honra como buena opinión y fama adquirida por la virtud y el mérito. Muchos autores de diferentes épocas han definido el honor o la honradez. Tácito decía que en un espíritu corrompido no cabe el honor. Publio Siro expresaba que el que ha perdido el honor ya no puede perder más. Cervantes manifestaba que es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en la opinión de la gente. En sentido objetivo el honor es la reputación, buen nombre o fama de que goza, ante los demás, una determinada persona.

En la Edad Media el concepto del honor se ponía a prueba diariamente. El espíritu caballeresco medieval expresaba fidelidad al deber y a la honra. Por doquier y en todos los niveles de la sociedad se escuchaban expresiones: Por mi honra, por vuestra honra, salva mi honra. El Fuero de Plasencia y su extenso territorio llegaba en nuestra zona hasta la garganta de Chilla. Este Fuero contemplaba, entre otras muchas órdenes, la institución de la caballería formada por nobles caballeros, hombres buenos y vecinos honrados que mantenían a su cargo caballo y armadura para acudir en socorro del concejo o del rey y exterminar a los golfines, grupos de ladrones y forajidos que asaltaban en los caminos y tenían atemorizada a la población. Los caballeros tuvieron gran prestigio y reconocimiento popular por sus grandes gestas. De este siglo viene la expresión popular que ha llegado hasta nuestros días: Es todo un caballero.

Claudio Sánchez-Albornoz dice que del orgullo celta debió nacer el vivaz y arisco sentimiento del honor castellano que se tradujo en lealtad o se vertió en venganzas, dado su aislamiento con sus hermanos de allende el Pirineo. Una de las primeras conductas reprobadas en el Fuero de Plasencia era tirar de los cabellos a la mujer que se castigaba con diez maravedíes o de la barba al varón con cien. Quitar a uno sus ropas contra su voluntad hasta dejarle en cueros equivalía al pago de medio homicidio.Todo aquel que hiriese a otro con cohombro (variedad de pepino), melón, huevo o con cualquier otra cosa que pudiera ensuciarle, debe tributar diez maravedíes.Quien eche en la calle lechón, perrillo, gato muerto o ave, pechará cinco sueldos a la vecindad. Era un grave ultraje descabalgar a los caballeros o tirarles de la brida del caballo y se penalizaba con treinta maravedíes. El maltrato a los caballos estaba muy penado.

En esta época era despreciable la figura del calumniador y su ataque al honor de la persona. Los insultos como alevoso, traidor, leproso o falso, sin pruebas, invertido o hijo de invertido, pagaban diez maravedíes. Romper un diente pagaba cien maravedíes o apedrear puerta ajena treinta. Injuriar a una mujer llamándola puta, rocina o malata se castigaba con tres maravedíes. Al violador se le privaba de la vida con el ahorcamiento. Se castigaba a las mujeres que entraran en los baños públicos el día que correspondía a los hombres. El alcahuete o alcahueta eran las personas que concertaban o facilitaban una relación amorosa ilícita. La figura española de la Celestina o la vieja Trotaconventos. El alcahuete era ahorcado y la alcahueta quemada. El marido podía matar a la mujer cogida en adulterio y al adúltero. Cuando el marido sospechaba de adulterio ésta podía desmentirlo con el voto favorable de doce mujeres. Se recriminaba el yacimiento o la fornicación de la viuda en el lecho conyugal con un varón. Estaba tipificado como delito contra la honestidad la unión sexual consumada entre distintas razas, judío con con cristiana u otras. El que echara agua por la ventana o esputo o ensuciara a otro debía pagar diez maravedíes. Quizás de aquí nació el "agua va".

Arrojar estiercol o cualquier otro excremento a la cara o meterle un palo por el culo a otra persona se castigaba con doscientos maravedíes. Estaba prohibido echar en la calle, perros, cerdos o bestias muertas bajo multa de un maravedí. El duelo estaba admitido para probar la falsedad de los delitos de homicidio y la violación con la autorización de los alcaldes. En caso de homicidio, los parientes más cercanos desafiaban al sospechoso y si había cómplices podían desafiar hasta un máximo de cinco. En Plasencia se celebraban los duelos en domingo. Los límites eran marcados por los alcaldes y quien los pasaba se le consideraba vencido. Los combatientes juraban defender la verdad ante los Evangelios, y tras oir misa iniciaban el duelo armados con una lanza, dos espadas y un escudo, y cubiertos con loriga, yelmo y brafonera. Si al tercer día en la noche no se había vencido al retado, éste era creído. En esta época existían los enemigos temporales o los enemigos para siempre. Y como pena leve por trasgredir las normas del duelo los asistentes pagaban la caloña, una sanción económica.

sábado, enero 19, 2008

Curiosidades de la vida madrigaleña en el siglo XV


El rey Alfonso VIII funda "Plasencia y su tierra" en 1189 y le concede un amplio alfoz. Este último término expresa los diferentes pueblos que en el Privilegio de fundación forman parte de la jurisdicción de Plasencia. Alfonso VIII fue hijo de Sancho III y accede al trono en 1158 cuando sólo tenía tres años de edad. Relanzó la Reconquista y es conocido por el de Las Navas en la victoria que logró contra el califa almohade Muhammad An-Nasir el 16 de julio de 1212 en la Batalla de las Navas de Tolosa (Jaén). Las tierras se dividieron en Sexmos y Madrigal quedó integrada en el de La Vera, además se crearon el del Valle y Trasierra y del Campo de Arañuelo. Básicamente los ríos delimitaron los términos: La Vera bañada por el Tietar, El Valle por el Jerte y El Campo de Arañuelo en la zona comprendida entre el Tietar y el Tajo y las comarcas de Mirabel, Ibor y Almonte.

Algunas de estas tierras pertenecieron a Señoríos. Nuestro pueblo a final del siglo XIII quedó bajo el señor de Valverde, título que ostentó por primera vez Nuño Pérez de Monroy. Plasencia y la mayoría de sus tierras en 1442 pertenecieron al Condado de Pedro Estúñiga hasta que en 1488 los Reyes Católicos las incorporaron a su dominio real. Plasencia tuvo medio siglo de dominio señorial y Madrigal cinco siglos y medio. Las consecuencias se sintieron, pues el señor era dueño de vidas y haciendas al detentar el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Favorecía sus intereses y nunca los del Concejo. Aunque estos para atender sus necesidades -salarios de los cargos públicos, obras y servicios de la ciudad, pueblo o aldea- tenían una hacienda propia constituida por los bienes de propiedad municipal denominados "propios"-tierras, montes, prados, bosques, casas, ríos, barcas- distintos de los "comunales" que eran de disfrute para todos los vecinos- dehesas comunales para pasto de animales, fuentes y otros-.

Había impuestos que gravaban el paso de personas, mercancías y ganado por el pueblo o caminos vecinales como el portazgo y el montazgo que no recaían sobre vecinos del pueblo o su cantidad era menor que para los forasteros. Los impuestos eran indirectos y se recaudaban a través de los cogedores o arrendadores. Durante la época del Señorío la mayoría de los arrendadores eran judíos. Eran los vigilantes de los intereses del Concejo o del Señor y los recaudadores de multas de las que se quedaban con un tercio o la mitad. Velaban escrupulosamente por el cumplimiento de las Ordenanzas del Concejo impuestas por el Señorío relacionadas con los bienes de propiedad municipal, con las relaciones comerciales o con la agricultura y ganadería. Había otros guardas nombrados por el Concejo con pleno conocimiento del Señor: los viñadores, que cuidaban la viñas, el porquero que sacaba cada día del pueblo o ciudad los puercos propiedad de los vecinos y los llevaba a la sierra, montes o rastrojos, los veedores y fieles que vigilaban los intercambios o tratos comerciales y el pastor del Concejo que guardaba los bueyes que pastaban en la dehesa boyal. Los bueyes eran utilizados como animales de tiro. En Plasencia estaba totalmente prohibido que los cerdos anduvieran por las calles y plazas de la ciudad. Los alguaciles o los pregoneros podían matar a cualquier puerco que encontraran durante el día en la ciudad. Por la noche cada propietario debía cuidar sus cerdos.

En este siglo se otorgaba un premio de 4 reales a quien matara un lobo mayor, 8 reales por una camada de cuatro o más lobos y 4 reales por menos de cuatro lobos. Para evitar fraudes con la presentación del mismo lobo en distintas ocasiones los escribanos del Concejo les cortaban las orejas. También había un premio de 24 maravedíes por cada águila capturada y 24 maravedíes por los polluelos. A estos, los escribanos les cortaban los picos. A los arrendadores que incumplían con sus obligaciones se les retiraba del cargo por perjuros, devolvían todas las rentas y recibían como pena corporal 100 azotes. En la Bazagona había varias barcas para cruzar personas, productos o ganados el río Tietar, la de Villanueva, El Losar y Jaranda (hoy Jarandilla). Pasar un hato de fuera costaba 20 maravedíes y una yegua cerrera de fuera 2 maravedíes. Hombre de pie: 2 maravedíes. Hombre con acémila o asno no paga la bestia. Hombre con caballo o mula 6 marevedíes. Las bellotas, los árboles y las maderas se vigilaban para evitar el abuso de los ganaderos y leñadores. En la Vera estaba prohibido varear las bellotas antes del 20 de septiembre bajo multa de 24 maravedíes. La quema de árboles de los montes concejiles de más de 10 pies de altura se castigaba con el destierro perpetuo. Si el desterrado no salía del pueblo o ciudad era sometido a la pena de muerte. El Concejo daba licencia para cortar madera. Estaba minuciosamente regulada la labor de los leñadores.

Resultaba difícil regular equitativamente la agricultura y la ganadería. Las viñas, las huertas, el lino, el cáñamo y las sementeras se acotaban y se protejían de los ganados. Había multas para los ganados por cabezas. Los fieles y regidores eran los mediadores en los conflictos de daños. Desde el 1 de mayo hasta Navidad estaba prohibido el paso por las viñas o cazar en ellas. Entre el 25 de julio y la fiesta de San Miguel estaba prohibido llevar los perros sin bozal. El Concejo fijaba las fechas de la vendimia. Se sancionaba el robo de uvas, cebada, aceitunas, higos y otros frutos. El ladrón que no podía pagar la multa era atado al rollo o picota durante un día. El sistema de explotación de la tierra de cereal era el arrendamiento: el señor ponía el arado, los bueyes o las mulas y el alimento de los animales. En las huertas ponía la simiente, la bestia y el alimento del animal. En Plasencia, los hortelanos eran mayoritariamente moros. Había distintas categorías: menestrales, oficiales y braceros.

La caza y la pesca estaban asimismo muy reguladas. Había multa de 24 maravedíes por cazar palomas caseras o de monte dentro de la ciudad o del pueblo. Estas especies estaban muy protegidas. Las ordenanzas de pesca establecían las vedas y formas de pescar. Se trataba de garantizar que hubiera pescado durante la Cuaresma. Desde San Miguel hasta el día de carnaval estaba prohibido pescar truchas y anguilas. Los judíos que se dedicaban al comercio eran principalmente traperos, sastres y zapateros. En lo relativo al establecimiento de pesos y precios era el Concejo el que los fijaba en el caso del pan y vigilaba el vino,la sal y la carne. Se sancionaban las irregularidades y la inexistencia de pesas para comprobación del comprador. Para evitar la subida de los precios de los productos básicos estaba prohibida la reventa o la intermediación. Estaba también prohibido comprar cabritos a los cabreros en dos leguas a la redonda para revenderlos bajo apercibiento de perderlos y multa de 24 maravedíes. Los dueños estaban obligados a venderlos vivos y a pie al precio y peso fijado por el Concejo. Había una prohibición de vender cabritos muertos. Con esta estructura y control de los precios y mercados de productos básicos era difícil que en el siglo XV la inflación terminara en el 4,2% como ha ocurrido en el actual siglo y año 2007. Pero creo que ninguno nos cambiaríamos, ni desearíamos haber vivido en en el siglo XV. Nuestros antepasados no estaban satisfechos con la calidad de vida que tenían bajo el Señorío de Valverde.

sábado, enero 12, 2008

La gastronomía madrigaleña, el gusto por lo sencillo y natural


Nuestro límite con Ávila y Toledo ha influido en algunas de nuestras costumbres, en nuestro folklore, en nuestro habla y también en nuestra gastronomía. Aunque esencialmente nuestra cocina forma parte de la cultura gastronómica extremeña. La cocina extremeña ha tenido tres importantes centros culinarios a lo largo de la Edad Media: Guadalupe, Alcántara y Yuste. La cocina del Monasterio de Guadalupe núcleo central de sabores celestiales en la antiguedad, sin continuidad en los últimos siglos. Alcántara, sede de la Orden Militar a la que dio su nombre, donde estaba el Monasterio de los monjes Benitos que cocinaban exquisitos platos vinculados a la caza como faisán trufado, deliciosas perdices, refinado hígado de pato etc. y nuestro verato Monasterio de Yuste que desde que llegó Carlos V cambió las cultura gastronómica del Monasterio y de su entorno.

Pero Madrigal de la Vera como pueblo campesino y de pastoreo desarrolla una cocina sencilla con productos naturales de la tierra, la sierra, los huertos y las gargantas y ríos. El descubrimiento de América introdujo en nuestra cocina tres productos básicos: el pimiento, la patata y el tomate. Con el pimiento seco, origen del pimentón, se elaboran varios productos: las migas extremeñas, la chacinería de la matanza y otros, la patata fue básica para múltiples platos y el tomate para el gazpacho extremeño, ensaladas etc. Como campesinos nos alimentábamos fundamentalmente de la matanza anual del cerdo y como pastores al cuidado de cabras y ovejas tomábamos leche fresca de cabra recien ordeñada, queso fresco y algunos privilegiados, caldereta de cordero o cabrito en días festivos muy especiales. Inicialmente era una cocina humilde de supervivencia con pocos ingredientes acompañados siempre de ajo y laurel. En cada casa no faltaban cuatro o cinco gallinas que nos abastecían de huevos. El puchero de barro para el cocido diario y los morillos, el caldero para las migas, el mortero de madera para machar el ajo y posteriormente el almirez de bronce, el molinillo, las llares para colgar calderos y calentar el agua y las trébedes para colocar la sartén o el perol donde realizar los guisos eran útiles básicos de nuestra cocina familiar y tradicional. No faltaba la tinaja de barro con el agua para consumo y el socorrido botijo para la época estival.

El desayuno habitual era café torrefacto molido hecho en el puchero al amor de la lumbre con unas gotas de leche de cabra o vaca y las tradicionales migas con pimentón y torreznos o el tazón de café con azucar y pan "migao". En días festivos muy especiales el café o el chocolate se acompañaba de deliciosos churros que se compraban a la churrerra que los pregonaba por todo el pueblo. Yo gozaba en mi niñez de este privilegio, pues los churros los hacían y vendían mis abuelos maternos. En la fiesta patronal del Cristo de la Luz se tomaban los dulces tradicionales: perrunillas, mantecados, magdalenas o tirabuzones para acompañar el desayuno. En los días crudos del invierno se calentaban los músculos que soportaban el arado o la azada con una o dos copitas de aguardiente. A mitad de la mañana no faltaban en las alforjas de cada agricultor el tocino curado de la matanza, la morcilla de calabaza o el chorizo, la bota de vino, el queso de cabra y después de oveja, algún tomate y el pan de trigo o de centeno amasado en casa y cocido en la tahona de "tia" Fermina. La comida habitual durante todo el año, excepto en Semana Santa, era el cocido. Al caldo se le aderezaba con sopas de pan. Los fideos llegaron después. Los garbanzos se acompañaban principalmente con alguna patata y repollo. Se terminaba con el tocino, el relleno, la morcilla, el chorizo y la oreja de cerdo. De postre, las frutas de la tierra: sandía, melón, melocotón, peras u otras frutas tradicionales. En la cena se tomaban sopas con tomate o sopas con patatas. Algunas familias de origen toledano cenaban "gachas".

En Semana Santa, como era pecado comer carne, se suprimía el cocido, los embutidos y los dulces hechos con manteca de cerdo. En el desayuno se tomaba el café con pringadas fritas en aceite de oliva. La comida clásica era el potaje con espinacas, garbanzos, judías blancas y bacalao que no estaba al acceso de todos. Los huevos caseros y patatas fritas con aceite de oliva o tortilla de patatas eran platos excelentes. Como único pescado se consumían las sardinas enlatadas en aceite o secas denominadas arenques a las que había que eliminar las escamas golpeándolas entre el papel de estraza o algún pez de garganta o río: tencas, barbos, carpas o truchas. Era una época ideal para los golosos: de postre se comían natillas, flan de huevo o torrijas con leche o vino. En la fiesta de todos los Santos era tradicional el potaje de castañas. Mi abuela paterna lo hacía excelente. Se salía al campo a asarlas en la lata perforada. La castaña es muy apreciada desde antiguo, ya que por su contenido en féculas y azúcares tiene un importante valor nutritivo. En épocas de escasez era un alimento importante para los pobres. Las pilongas eran muy apreciadas.

En Nochebuena y Navidad, la familia que durante el año tenía medios económicos mataba el pollo, conejo o pavo que había engordado para estos días tan especiales en el corral de la casa o en el gallinero del campo. Con los hígados, riñones, asaduras y demás se hacía una sopa de menudillo que se tomaba de primer plato en los días festivos.

Hay otros platos tradicionales madrigaleños que saboreaba en la niñez y que durante la época adulta, por distintas circunstancias, no han tenido continuidad en mi dieta alimenticia: las "sopas canas" realizadas con leche y pan frito, la sopa de cachuela, las patatas "aliñás", hoy revolconas o machacadas, las carillas con tomate, las patatas guisadas con arroz, el arrope, los buñuelos, el "rin-ran" de verano etc..

La gastronomía madrigaleña es sencilla pero con sabor y nombre propio. Una cocina de tradición familiar con recetas de viva voz trasmitidas de generación en generación que afortunadamente los visitantes pueden degustar en alguno de los restaurantes del pueblo.

sábado, enero 05, 2008

Madrigal, "Espacio Limpio y Natural Protegido"


Desde hace años nuestro pueblo y su entorno natural es un gran foco de atracción para el ecoturismo o turismo de naturaleza. Es una modalidad turística que implica el disfrute de los recursos naturales en estado relativamente original y en la
que el objetivo principal del viaje se relaciona directamente con la naturaleza. Los propios vecinos y los visitantes no podemos olvidar que el medio ambiente es un activo clave con exigencias de calidad para la revalorización de los recursos turísticos. El turismo debe mantener un equilibrio entre los intereses sociales o económicos y la conservación de los valores naturales y culturales. Es de vital importancia el respeto a la diversidad biológica, a los procesos ecológicos esenciales y a los sistemas de defensa de la vida natural. A esto se une el respeto a las tradiciones y a las costumbres locales.

La conservación y el desarrollo del medioambiente es un valor en alza para muchos turistas de los países europeos más desarrollados. Eligen entornos naturales bien conservados o espacios naturales protegidos. No basta la calidad del producto o un buen servicio. Hay que añadir la calidad ambiental para conseguir la plena satisfacción del cliente y su fidelización. Es de suma importancia la conservación del entorno y del patrimonio natural, arquitectónico, cultural y social. Somos unos privilegiados al poseer una diversidad de ecosistemas de alto valor ecológico o paisajístico. Algunos de nuestros recursos naturales y de nuestra fauna y flora silvestre se encuentran en peligro de extinción. Los propios madrigaleños debemos mantener una conducta responsable evitando la degradación, el deterioro del medioambiente y la suciedad de nuestro hábitat. La garganta de Alardos en época estival es un área ambientalmente muy sensible, singular, y un destino masivo turístico de frágil equilibrio que necesita una mayor y mejor conservación. Hay que potenciarla interna y externamente como "espacio limpio". La rentabilidad económica no puede ser la depredadora de la naturaleza. La conservación de la biodiversidad no es un freno al desarrollo sino el motor de éste.

El desarrollo turístico de la Vera con su patrimonio histórico artístico ambiental y sus valores paisajísticos debe integrarse adecuadamente en su entorno. Pero este desarrollo exige buenas vías de comunicación, plazas hoteleras de calidad y adecuadas campañas de promoción y respeto al medio ambiente. En los últimos años la oferta de alojamiento ha experimentado un importante crecimiento con algunas casas y hoteles rurales admirables tanto en su tipología constructiva con la rehabilitación de espacios degradados como en su deliciosa gastronomía con la potenciación de la cocina autóctona, de la que alguna semana escribiremos. Muestran una gestión de calidad en todas sus actvidades: acogidas, servicios, equipamientos, instalaciones, promoción y comercialización.

Queremos que Madrigal tenga un entorno natural bien conservado y que las autoridades locales conciencien del respeto a su hábitat como "Espacio Limpio y Natural Protegido" al margen de la calificación oficial o legislación que lo declare. Debemos legar a nuestros herederos un patrimonio natural, arquitectónico, cultural y social mejor que el recibido de nuestros mayores.

sábado, diciembre 29, 2007

El viaje de Carlos V a Yuste


Una inscripción casi desaparecida por el transcurso del tiempo dice: «En esta santa casa de San Jerónimo se retiró a acabar su vida el que toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió a 21 de septiembre de 1558». Pocos meses antes de retirarse a Yuste abdicó de su imperio en su hijo Felipe II. Entre sus palabras de despedida en Flandes dijo: "Nueve veces fui a Alemania la Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, a Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fui contra África, las cuales todas son cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré a pasarle para sepultarme." Finalizó su discurso solicitando el perdón de aquellos a los que pudo hacer daño involuntariamente y emocionado terminó con lágrimas en los ojos.

La flota de su último viaje a España estaba integrada por sesenta naves guipuzcoanas, vizcainas, asturianas y flamencas. Partió de Gante el 17 de septiembre de 1556, a bordo de la nave capitana "La Bertendona". En la salida le acompañaron su hijo Felipe II, a quien despidió afectuosamente y le dio algunos consejos para su gobierno y conducta, sus hermanas las reinas viudas de Francia y de Hungría, su hija María, su yerno Maximiliano, rey de Bohemia y una brillante comitiva de flamencos y españoles. Sus hermanas, Leonor y María le acompañaron en el viaje tras años fuera de su lugar de nacimiento. El 28 de septiembre llegó la flota al puerto de Laredo. Al tomar tierra Carlos V declaró: "Yo te saludo, madre común de los hombres. Desnudo salí del vientre de mi madre: desnudo volveré a entrar en tu seno". A su llegada no tuvo el recibimiento que esperaba y se molestó. Además, el mal estado de los caminos retrasó la presencia de Luis Quijada, mayordomo de su hija Juana, princesa regente y gobernadora de Castilla, que traía una remesa de 4.000 ducados que el Emperador había solicitado. Tampoco había llegado el Condestable, ni los capellanes y médicos que necesitaba pues varios habían enfermado o muerto en el viaje y todas estas circunstancias le irritaron especialmente. Durante la estancia en Laredo se encontraba de mal humor.

El 6 de octubre salió de Laredo para Medina de Pomar acompañado por el alcalde de Durango, de la Chancillería de Valladolid. Evitaba hablar de negocios o de asuntos políticos. Su único objetivo era llegar cuanto antes a Yuste. El 13 de octubre llegó a Burgos y permaneció hasta el día 16 negándose al recibimiento del Condestable de Navarra. La marcha era tan lenta que empleó casi seis días de Burgos a Valladolid. Aquí se alojó en la casa de Rui Gómez de Silva dejando el palacio a sus hermanas que llegaron una jornada después. De Valladolid partió el 4 de noviembre con tiempo lluvioso y frío, llevándole en litera sobre mulas. A Tornavacas llegó a través de Valdestillas, Medina del Campo, Horcajo de las Torres y Alaraz. En el duro y escarpado puerto de Tornavacas fue llevado en la litera a hombros de labradores ya que su enfermedad y lo accidentado de la zona le impedía el paso a caballo y las mulas podían despeñarse. Durante las tres leguas que duró el sinuoso y difícil camino no se separó de su lado y anduvo a pie junto al Emperador Luis Quijada.

El 14 de noviembre entraron en Jarandilla y todos se alojaron en el excelente castillo- palacio de los Condes de Oropesa. Perfectamente dotado y con bellos jardines de naranjos y limoneros. El riguroso frío, la pertinaz lluvia y las densas nieblas que acaecían en Yuste aconsejaban alargar la estancia. Estas inclemencias invernales y los severos calores estivales previstos desanimaban a todos, incluida su hermana la Reina de Hungría, que recomendaban al Emperador la suspensión del viaje final y la búsqueda de otro lugar más adecuado para su salud. Ante estos contratiempos, el 23 de noviembre, Carlos V visitó personalmente su futura residencia y volvió convencido de todo cuanto había visto dando su total aceptación. No obstante, el Emperador permaneció en Jarandilla esperando los dineros que había solicitado a Sevilla para despedir y pagar a los criados que le habían acompañado y para sus gastos de manutención. El 16 de enero de 1557 llegaron los fondos, indemnizó a los criados y agilizó los preparativos para su entrada en Yuste. El 3 de febrero de 1557, Carlos V accedió al Monasterio de Yuste. Su primera visita fue a la Iglesia donde le recibió la Comunidad de monjes y le cantó el Te deum laudamus. Colocado en una silla todos los monjes por su orden fueron besándole las manos. El Prior le dirigió unas palabras de agradecimiento por haber elegido el monasterio para vivir con ellos.

sábado, diciembre 22, 2007

El recuerdo navideño de mi infancia


Mis mejores deseos de felicidad y alegría para todos los madrigaleños en cualquier sitio del mundo donde se encuentren rodeados de los seres más queridos. Que la Nochebuena, noche de Paz, sea el comienzo de un año 2008 lleno de éxitos. Que para todos se hagan realidad los mejores sueños. Anatole France decía que el porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueños. Son tiempos de reflexión, de cierre de ejercicio y de planificación de nuevos proyectos, de renovadas ilusiones y de ansiadas esperanzas. Un proverbio japonés dice que es mejor viajar lleno de esperanza que llegar. Mientras dura el viaje pervive la esperanza. Pero en este viaje de ilusión hacia el futuro hay una evocación de nostalgia hacia el pasado. Todos recordamos a los seres queridos que no están temporalmente o a los que se fueron para siempre. Algunos nos rebelamos y gritamos sin comprender por qué tienen que irse para siempre los seres buenos que tanto nos quieren y a los que tanto queremos. En Navidades siempre vuelvo a los recuerdos de mi infancia en Madrigal.

Reaparecen especialmente con 7 u 8 años de edad, los días más crudos del invierno con las orejas, las manos y los dedos de los pies llenos de sabañones, en los que en el camino a la escuela, a la clase de D. Baldomero, iba rompiendo alegremente con mis botas katiuskas, recien compradas, los cristales de los charcos. Cuando pasaba por el horno de "tia" Fermina me quedaba pegado a la ventana para aspirar el olor a pan reciente y el delicioso aroma de las perrunillas, las magdalenas y los mantecados permaneciendo un rato más hasta que recibía en mi cara el agradable aire caliente que aliviaba mis heladas mejillas. Entonces hacía frío en Madrigal. D. Baldomero, al que recuerdo especialmente por su inmensa calvicie y su prominente abdomen, nos aplicaba como castigo un duro golpe en la palma de la mano con la regla o nos mandaba tirar de una cuerda anudada a una caña de bambú sujeta a una columna que con un plumero de papel en el vértice y un movimiento de sube y baja evitaba que las moscas le picaran en la calva . Nosotros, en nuestra ingenua infancia, pensábamos que untándonos las manos con ajos porros aliviábamos el dolor y los más optimistas incluso esperaban que la regla se partiera al golpear en las pestilentes manos. La dureza del golpe inmisericorde producía una aguda marca roja y originaba un intenso dolor en la palma de la mano. De inmediato, unas lágrimas de angustia y rabia contenida asomaban en mi rostro cuando era golpeado mientras los demás seguían cantando la tabla de multiplicar. En momentos como éste me consolaba recordando con añoranza la estancia en la escuela de párvulos de "tia" Severa. Los vecinos adultos la llamaban la escuela de los "cagones". Allí las dificultades y los errores se superaban con afecto y mucho cariño. Cuando mi primo Felix "Cuca" y Rafa "El Molinero"- a todos nos había puesto un mote- protegidos del maestro, empezaban a mitad de la mañana a repartir la leche en polvo y el queso amarillo de bola que nos regalaban los americanos aún tenía los ojos rojos y humedecidos de lágrimas. El bote con asa que utilizábamos diariamente como taza para beber la leche que había hecho "tio" Ufe dejaba el fondo de éste lleno de grumos a los que nosotros denominábamos "drugos". D. Teófilo, el otro maestro, era totalmente opuesto a D. Baldomero. Físicamente muy delgado, con gafas de intelectual y abundante cabello, entregado, cariñoso, pedagogo y gran educador. Sentíamos envidia de los que iban a su clase pues de él sólo nos contaban cosas buenas.

A la salida de la escuela los primos y amigos íbamos a pedir el aguinaldo. Con una pequeña pandereta, una rústica zambomba hecha por mi abuelo Blázquez con piel de conejo y madera, una botella vacía de anís estriada y una cuchara, dos tapas de cazuela y un caldero empezábamos con el canto tradicional: "Deme el aguinaldo señora por Dios que venimos cuatro y entraremos dos". Unos céntimos y excepcionalmente alguna peseta para comprar castañas pilongas o algún caramelo alegraba nuestra Nochebuena. Al caer la noche se oían por las calles los villancicos de otros grupos: "25 de diciembre fun, fun, fun.." "Pero mira como beben los peces en el río". "Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad saca la bota María que me voy a emborrachar". "Nochebuena, Nochebuena buena me la dio mi madre que empezó por el más chico y acabó por el más grande". A las doce de la noche, tras la sencilla cena, sonaban las campanas de la torre y D. Martín nos convocaba a la misa del Gallo. El sueño se apoderaba de mí en la iglesia, antes de que el cura dijera en latín el "Ite, misa est". Me despertaba con el último villancico: "Ay del chiquirritín chiquirriquitín metidito entre pajas. Ay del chiquirritín chiquirriquitín queridin, queridito del alma. Entre un buey y una mula Dios ha nacido y en un pobre pesebre lo han recogido". Al terminar la misa nos acercábamos a ver el nacimiento. Y de la mano de mi madre y de mi divertida abuela Sofía, volvíamos a nuestro humilde hogar.

domingo, diciembre 16, 2007

Nuestros antecedentes Vetones en el Raso


"Cuenta Estrabón la anécdota que unos guerreros vetones al ver a unos soldados romanos pasear delante del campamento pensaron que eran locos pues creían que el hombre cuando no se halla en pelea está sin hacer nada, descansando." Estrabón fue geógrafo e historiador griego nacido en Amasía en el año 63 a. C., ciudad de Ponto (en la actualidad pertenece a Turquía). Gran viajero. Su insigne obra es la Geografía, una descripción del mundo como se conocía en la antiguedad.

Los vetones son conocidos dentro de la cultura Cogotas II o de los verracos que se inicia en el siglo V a. C. como evolución de la cultura de la Edad de Bronce denominada Cogotas I con influencia de movimientos indoeuropeos. En el caso de El Raso, pudiera tratarse de Eburones, pueblo celta del sur de los Paises Bajos que se establecen en este siglo. El origen del nombre vetones, según Manuel Salinas de Frías, se identifica con el vocablo celta uikta que significa lucha. La traducción del término vetones o vettones (las dos Tes es un grupo consonántico que no existe en el castellano actual) tiene el significado de hombres de la guerra, luchadores o guerreros. Los primeros restos del asentamiento de El Raso se descubrieron en 1934. El poblado se encuentra sobre el monte llamado del Freillo a 790 metros de altura, un lugar estratégico, con unas vistas admirables de la Sierra de Gredos, del río Tietar, de la garganta de Alardos y del propio Madrigal. El yacimiento tiene diferentes partes: en la zona más alta del poblado se encuentra la Muralla un poco más abajo la Necrópolis y en la unión de la garganta y el río el Santuario. La vida del poblado se extendió hasta mediados del siglo I a. C. muy avanzada la época romana. Tenía una superficie próxima a 15 hectáreas con cerca de 600 casas y alrededor de 3.000 habitantes. La zona amurallada les protegía de los ataques enemigos. En la necrópolis enterraban a sus muertos. Les incineraban y con sus cenizas enterraban sus pertenencias. Creían en otra vida después de la muerte. Rendían culto a la naturaleza y a sus poderes y tenían gran respeto a los mayores. El lobo tenía carácter protector. En los enterramientos se han observado señales de grandes diferencias sociales. Había distintos clanes o familias con gentilicios distintos. Su matrimonio era monogamo y su régimen, patriarcal con presencia de clases o grupos de edad que regían el poblado por medio de consejos de ancianos o de guerreros. Tenían un alto índice de mortandad causado por la falta de higiene, la malaria y las fiebres de malta. La edad media de vida se situaba en 26 años en las mujeres y 33 años en los hombres. En el santuario adoraban al dios Vaélico, dios de las armas. Ejercían el culto mediante danzas y sacrificios. El poder lo ejercía una aristocracia militar de guerreros.

Su base económica estaba constituida por la ganadería, especialmente los cerdos, las vacas y los caballos, seguida de la agricultura y los metales, en especial el oro y el estaño. El cerdo y el ganado vacuno fueron muy importantes, tal y como se reflejan en sus esculturas, las denominadas verracos. También fueron importantes los caballos por los numerosos bocados encontrados en los enterramientos de Cogotas, La Osera, Cardeñosa y El Raso. La importancia de la caballería destaca además en la aparición de defensas de piedras clavadas delante de las murallas para evitar los ataques de la caballería. La agricultura fue complementaria, pues se han encontrado indicios de molinos y aperos de labranza. Se alimentaban de bellotas y castañas. Estrabón decía: "Los habitantes de las sierras viven durante dos tercios del año de bellotas que secan, trituran y después muelen para hacer pan, que conservan largo tiempo". Por el propio Estrabón conocemos que no hacían más de una comida al día. Se alimentaban asimismo de carne de cerdo, cabra y oveja. Su caza era el ciervo y la cabra montés. Confeccionaban sus vestidos con materiales de origen vegetal tejidos de lana y animal, pieles de cabra. Era un pueblo hospitalario. La vida familiar se hacía en torno a la cocina. El hombre cuidaba los animales y cultivaba el campo. La mujer realizaba las tareas domésticas, tejía y realizaba los vestidos para toda la familia. Amaban la música y la danza. Su cultura fue absorbida por la cultura romana y con posterioridad por el cristianismo. No obstante han quedado algunas costumbres o tradiciones de esta época en Madrigal y en los pueblos del entorno de los que haremos mención en otra ocasión.

sábado, diciembre 08, 2007

El Pimentón de la Vera


Los sabios afirman que es el mejor pimentón del mundo. Desde 1994 tiene Denominación de Origen Protegida. El pimiento para pimentón llegó de América y fue introducido en España en 1493 por Cristobal Colón que se lo ofreció a los Reyes Católicos en el Monasterio de Guadalupe. A las especias se las consideraba en la antiguedad como auténticos tesoros. Eran un regalo idóneo para dioses y reyes. Los monjes jerónimos iniciaron el cultivo en este monasterio y de inmediato lo extendieron a los demás, Yuste (Cuacos) y Ñora (Murcia). Tras las piedras de los claustros han convivido por siglos tradición, sabiduría y secretos culinarios que todavía perviven. Éste es el origen de las dos principales zonas pimentoneras de España: la Comarca de la Vera y la Región de Murcia.

El 5 de diciembre de 1492, en su primer viaje, Colón desembarca en una isla a la que bautiza como La Española. Una de las Grandes Antillas, en el mar Caribe, situada al sureste de Cuba y al oeste de Puerto Rico. La segunda más grande del Caribe después de Cuba. Hoy está dividida en dos países la República de Haití y la República Dominicana. Los nativos de esta isla le ofrecieron comidas condimentadas con ají o chiles que Colón confundió con la pimienta de origen asiático y que calificó como "violentamente fuerte" a su regreso a España. Colón trajo en este primer viaje lo que denominó "pimientos", variedades de distintas clases y colores. El hecho es mencionado por Peter Martyr, informador papal, en un escrito de 1493. En el segundo viaje de Colón en 1495, un cronista escribió: "...en aquellas islas existen arbustos como rosales que dan frutos tan largos como canelas con granitos tan picantes como los de la pimienta y que los nativos se comen como nosotros comemos manzanas...". En 1500, Colón llevó en su viaje al médico Diego Chanca que fue el que describió la fauna y flora del Nuevo Mundo y mencionó que los nativos utilizaban el ají para condimentar las carnes y pescados. Con posterioridad varios botánicos describen las características de la especia. La planta fue llevada a la India en 1611 por los portugueses. Los españoles la introdujeron en España y en otras partes de Europa. En el siglo XVII llegó su cultivo a Asia y África llevada por españoles y portugueses. El botánico sueco Linneo clasificó científicamente a las dos especies principales capsicum annum y capsicum frutescens. Las demás son variaciones menores dentro de la mismas especies.

Algunas especies fueron monedas de cambio y llegaron a tener más valor que el propio oro. Tenían propiedades conservantes, aromatizantes, potenciadoras de sabor y terapéuticas. El pimentón dulce o picante contiene abundante vitamina C. Esta vitamina denominada también como ácido ascórbico ayuda a prevenir muchas enfermedades y alarga la vida. Es uno de los mejores antioxidantes. Contiene también flavonoides con propiedades anticancerosas, cardiotónicas, antitrombóticas, antiinflamatorias, analgésicas y antimicrobianas. Y provitamina A. Esta vitamina es esencial para la visión, el buen estado de la piel, el cabello, las mucosas y los huesos.

El pimentón dulce es imprescindible para dar el toque de sabor y color a multitud de guisos de la cocina mediterránea. El pimentón picante se utiliza para productos de chacinería y como adobo de carnes y pescados. El Consejo Regulador define el producto de la siguiente forma: "La Denominación de Origen Protegida Pimentón de la Vera ampara el producto obtenido de la molienda de frutos totalmente rojos, de las variedades de pimiento del grupo Ocales ( Jaranda, Jariza, Jeromín), y de la variedad Bola, pertenecientes a las especies botánicas Capsicum annum y Capsicum longum, recolectados maduros, sanos, limpios, con el color característico de la variedad, libres de ataques de plagas o enfermedades, secados con leña de encina y/o roble, por el sistema tradicional de la Vera, y que proceda de la zona de producción delimitada."
A este respecto, la zona de producción de pimientos está constituida por los municipios de las comarcas naturales de La Vera, Campo Arañuelo, Valle del Ambroz y Valle del Alagón, en el norte de la provincia de Cáceres. La zona de producción la componen cincuenta pueblos. El Pimentón de La Vera es un producto de sabor y aroma ahumados, intensos y penetrantes, debido al proceso de secado al humo a que se somete a los pimientos. Su coloración es rojo intenso y el fruto tiene un brillo relativo. Su sabor, aroma y color son altamente estables a lo largo del tiempo, debido principalmente al lento y suave proceso de deshidratación que se utiliza. Según su sabor podemos establecer tres grupos de pimentones: Pimentón dulce, de sabor suave, totalmente dulce. Elaborado principalmente con las variedades Bola y Jaranda. Pimentón ocal o agridulce, suavemente picante al paladar. Elaborado principalmente con las variedades Jaranda y Jariza. Pimentón picante, pronunciado picor al paladar. Elaborado principalmente, con las variedades Jeromín, Jariza y Jaranda.

Ha adquirido fama y prestigio y es una de las principales riquezas de la comarca. La Denominación acoge a más de 600 agricultores y 13 industriales abarcando una zona de producción próxima a las 1000 hectáreas. El pasado mes de agosto ha quedado incluido en el Registro de Denominaciones Europeo. Felicidades al "oro rojo" verato del que nos sentimos orgullosos.

Miguel Hernández, poeta del pueblo, dice en su poema:


EL SILBO DE AFIRMACIÓN EN LA ALDEA
......Nace un niño, y entera

la madre a todo el mundo del contorno.

Hay pimentón tendido en la ladera,

hay pan dentro del horno,

y el olor llena el ámbito, rebasa

los límites del marco de las puertas,

penetra en toda la casa

y panifica el aire de las huertas.

Con una paz de aceite derramado,

enciende el río un lado y otro lado

de su imposible, por eterna, huida.

Como una miel muy lenta destilada,

por la serenidad de su caída

sube la luz a las palmeras: cada

palmera se disputa

la soledad suprema de los vientos,

la delicada gloria de la fruta

y la supremacía

de la elegancia de los movimientos

en la más venturosa geografía.




Está el agua que trina de tan fría

en la pila y la alberca

donde aprendí a nadar. Están los pavos,

la Navidad se acerca,

explotando de broma en los tapiales,

con los desplantes y los gestos bravos

y las barbas con ramos de corales.

Las venas manantiales

de mi pozo serrano

me dan, en el pozal que les envío,

pureza y lustración para la mano,

para la tierra seca amor y frío.




Haciendo el hortelano,

hoy en este solaz de regadío

de mi huerto me quedo.

No quiero más ciudad, que me reduce

su visión, y su mundo me da miedo.

¡Cómo el limón reluce

encima de mi frente y la descansa!

¡Cómo apunta en el cruce

de la luz y la tierra el lilio puro

!Se combate la pita, y se remansa

el perejil en un aparte oscuro.




Hay azahar, ¡qué osadía de la nieve!

y estamos en diciembre, que hasta enero,

a oler, lucir y porfiar se atreve

en el alrededor del limonero.

Lo que haya de venir, aquí lo espero

cultivando el romero y la pobreza.

Aquí de nuevo empieza

el orden, se reanuda

el reposo, por yerros alterado,

mi vida humilde, y por humilde, muda.

Y Dios dirá, que está siempre callado.






sábado, diciembre 01, 2007

La Serrana de la Vera


La Serrana de la Vera es una de las mujeres más seductoras de la tradición popular. El personaje tiene íntima relación con la Comarca de la Vera, especialmente con Garganta de la Olla y el Piornal. A lo largo del tiempo, las versiones del romance se han extendido por toda España. La bella Serrana ha servido de inspiración a numerosos grupos y solistas de folk.

La moza cautivó tanto a Lope de Vega que a finales del siglo XV o principios del XVI escribió una comedia sobre ella titulada La Serrana de la Vera. En 1613, Luis Vélez de Guevara escribió otra versión más trágica, con el mismo título, cuyo texto manuscrito se conserva. El contenido de sus obras coincide con el romance popular. Es la historia de una mujer muy hermosa que sufrió un desengaño amoroso y se retiró a vivir a la sierra recluyéndose en una cueva. Se enamoró de un joven que tras seducirla y gozar de ella la abandonó. Posteriormente, en venganza, seducía a los mozos que consideraba especialmente atractivos, los llevaba a la cueva para acostarse con ellos y después los mataba.

Julio Caro Baroja idealiza tanto a la Serrana que la convierte en una diosa maravillosa, un ser sobrenatural con prodigiosas artes de seducción. Manifiesta que su estructura narrativa recuerda al “arquetipo” del mito de Diana. Antigua divinidad de Italia de la naturaleza salvaje y de los bosques. Más que en la diosa cazadora, los romanos veían en ella a la hermana gemela de Apolo. Otros autores se apegan a la tierra, destacan su aspecto forzudo, salvaje y terminan convirtiéndola en una fiera. Dos visiones diferentes: la seducción frente a la fuerza física. O mejor la síntesis de la seducción perversa y la mujer fatal. Una seductora que tras ofrecer el cuerpo a sus amantes y permitir que gocen termina despreciándolos y sustituyéndolos. Reproduce el mito del Don Juan masculino que seduce a las mujeres, las utiliza sexualmente y después las abandona. Aunque con D. Juan pierden la honra pero conservan la vida. Como mujer fatal se convierte en una fiera salvaje con instinto depredador. Caza a la presa, abate a la víctima, se la lleva a su refugio y disfruta vengándose de ella.
En la literatura española son tradicionales las serranillas, poemas amorosos que cantaban el encuentro con una mujer de la sierra o serrana. Se destacan en El Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita y en las obras del Marqués de Santillana. Las serranas eran personajes de existencia casi legendaria y habitaban en escondidas sierras o pasos de montaña. Los caballeros perdidos por la dureza del camino o por climas adversos, se veían obligados a solicitar refugio, a cambio ellas pedían una especie de peaje, bien sexual, bien en forma de algún regalo. A algunas, incluso, se les atribuían crímenes o desapariciones de viajeros. El mismo contenido que en La Serrana de la Vera. Estos mitos, romances o leyendas iban en el siglo XV de boca en boca.
Reproduzco la versión de Azedo de Berrueza escritor del siglo XVIII nacido en Jarandilla:
«Allá en Garganta la Olla,
en la Vera de Plasencia,
salteóme una serrana,
blanca, rubia, ojimorena.

Trae el cabello trenzado
debajo de una montera,
y porque no la estorbara,
muy corta la faldamenta.

Entre los montes andaba
de una en otra ribera,
con una honda en sus manos,
y en sus hombros una flecha.

Tomárame por la mano
y me llevara a su cueva;
por el camino que iba,
tantas de las cruces viera.

Atrevíme y preguntéle
qué cruces eran aquéllas,
y me respondió diciendo
que de hombres que muerto hubiera.

Esto me responde y dice
como entre medio risueña:
-Y así haré de ti, cuitado,
cuando mi voluntad sea.

Dióme yesca y pedernal
para que lumbre encendiera
y mientras que la encendía
aliña una grande cena.

De perdices y conejos
su pretina saca llena,
y después de haber cenado
me dice:
-Cierra la puerta.
Hago que la cierro,
Y la dejé entreabierta:
desnudóse y desnudéme
y me hace acostar con ella.

Cansada de sus deleites
muy bien dormida se queda,
y en sintiéndola dormida,
sálgome la puerta afuera.

Los zapatos en la mano
llevo porque no me sienta,
y poco a poco me salgo,
y camino a la ligera.

Más de una legua había andado
sin revolver la cabeza,
y cuando mal me pensé
yo la cabeza volviera,
y en esto la vi venir
bramando como una fiera,
saltando de canto en canto,
brincando de peña en peña

-Aguarda -me dice-, aguarda;
espera, mancebo, espera:
me llevarás una carta
escrita para mi tierra.

Toma llévala a mi padre;
dirásle que quedo buena.
-Enviadla vos con otro,
o ser vos la mensajera”.

domingo, noviembre 25, 2007

Evolución demográfica desde el siglo XVIII hasta nuestro tiempo


En 1786, en el “Interrogatorio” antes citado, los curas de cada pueblo enviaron a Tomás López las respuestas a un cuestionario, más un plano y croquis de cada lugar, con el que el geógrafo confeccionó el Diccionario Geográfico de España. El capellán de Madrigal, Francisco de Borja, expresa asimismo que en esta fecha había 40 vecinos o 134 habitantes aproximadamente. En 33 años la población había crecido un 33,33%. Lo que resulta singular es que también destaca como hecho más memorable el haber sido pueblo de 200 vecinos. Datos no documentados desde finales del siglo XIV hasta esta fecha.

En el siglo XIX, exactamente en 1823 tenía 74 vecinos o 252 habitantes, superiores en un 85% al siglo XVIII pero muy lejos de los 127 vecinos o 429 habitantes, máximo censo conocido y record en el siglo XVI hasta esta fecha. Durante el reinado de Isabel II, el gobierno intentó concienciar al pueblo español sobre la necesidad de realizar mejoras en las condiciones sanitarias pues las medidas legislativas puestas en práctica fueron insuficientes. En este siglo y muy adentrado el siglo XX, en nuestro pueblo como en todas las zonas rurales las viviendas generalmente eran pequeñas, insalubres y antihigiénicas. La ausencia de alcantarillado hacía que los excrementos y las aguas sucias se arrojaran, en huertos, cuadras o incluso en la propia calle.

Los enterramientos junto a las iglesias eran motivo de preocupación especialmente en los brotes de epidemias. Desde finales del siglo XVIII estaba previsto el traslado de los cementerios fuera de la población pero no se produjo hasta 1833 con la epidemia del cólera morbo que causó estragos en la población sana. El médico rural era contratado por uno o varios pueblos para la atención de los más pobres. Los vecinos que podían le pagaban la iguala que percibía en especie o en metálico. La tasa de mortalidad infantil era muy alta especialmente en el primer año de vida a causa de las diarreas. Entre los adultos la principal causa de muerte era la tuberculosis. Aunque había varias causas de mortalidad todas dependían básicamente de la desnutrición y la miseria. La viruela y el sarampión causaban grandes epidemias, ésta última en los niños. En 1885 hubo una nueva epidemia de cólera en el que las muertes superaron a los nacimientos.

El siglo XX ha sido el período de crecimiento demográfico más importante y prolongado de la historia de España. Madrigal ha seguido la misma tendencia. Desde 1857, casi siglo y medio, la tasa de crecimiento anual acumulativo indica que la población española ha crecido a un ritmo del 7% anual. Se trata de un incremento bastante moderado comparado con el de algunos países en desarrollo, pues una población con este ritmo de crecimiento tarda un siglo en doblarse. Madrigal, de 350 habitantes a finales del siglo XIX llegó a casi 3.000 en el año 1960. El mayor crecimiento de su historia, en 60 años, un 857%. Coincide con el mayor crecimiento natural en España con tasas anuales del 11-13% entre 1955 y 1964. La tendencia cambia desde 1977 hasta nuestros días, con una importante caída en la natalidad a tasas de 1,5%, produciéndose además un alto envejecimiento de la población. Esta tendencia empieza a modificarse con la inmigración extranjera.

El crecimiento de la población es el resultado de la suma de dos factores: por un lado, el crecimiento natural o vegetativo, es decir, la diferencia entre nacimientos y defunciones, y por otro, el crecimiento migratorio o diferencia entre inmigrantes y emigrantes. En Madrigal, el movimiento migratorio se produce a partir de los años 60 hacia Europa Occidental y hacia Madrid, Cataluña y País Vasco. Por esta causa, en 1990 cae el censo a 2.000 habitantes, disminuye un 33,33%. En el último padrón municipal del año 2006 el pueblo tenía 1.734 habitantes.

En este siglo XX y los años del siglo XXI, el desarrollo socioeconómico, las mejoras en la higiene y alimentación y los avances médicos (vacunas y antibióticos) han cambiado las condiciones sanitarias. Los nacimientos han sido generalmente superiores a las defunciones, a excepción de dos épocas, la epidemia gripal de 1918 y la guerra civil de 1936 en las que se produjo un crecimiento natural negativo. España pasó de tener una de las esperanzas de vida más bajas de Europa a tener una de las más altas del mundo, junto a Japón, Suecia y Suiza.

sábado, noviembre 17, 2007

Evolución demográfica hasta el sigo XVIII


Los datos más antiguos sobre el número de vecinos en la Vera a finales del siglo XIV y principios del XV los aporta Vicente Paredes Guillén y muestran un importante crecimiento demográfico en el término de un siglo. En el período 1395-1400 se estima que en Madrigal había 60 vecinos que a una media de 3,4 habitantes por vecino asciende a un total de 204 habitantes, según el concierto que hizo el Concejo de Plasencia con el Sexmo de la Vera para el pago del impuesto de la Moneda Forera. El número de vecinos pecheros –obligados a contribuir con pechos o tributos- en 1494 era de 100 vecinos o 340 habitantes. En cien años Madrigal había tenido un crecimiento del 67%.

Durante el siglo XVI la vida transcurre de forma similar al siglo XV, aunque en un clima de mayor bonanza por la política de unidad de los Reyes Católicos. Los habitantes en el año 1532 son 107 vecinos o 364 habitantes. En 38 años hubo un crecimiento demográfico del 7%. En 1591 había 127 vecinos o 429 habitantes. El censo de este año tuvo un carácter especial y es que además del número de vecinos pecheros facilitaba el número de hidalgos, clérigos y religiosos. Madrigal tenía 126 vecinos pecheros y un clérigo. No tenía hidalgos -personas que por su sangre eran de clase noble o distinguida- ni religiosos. En toda la Vera había 22 hidalgos que se repartían de la siguiente forma: Aldeanueva (1), Arroyomolinos (4), Garganta la Olla (1), Jarandilla y Guijo (4), El Losar (8), Pasarón y Torremenga (2) y Valverde (2). En este siglo Madrigal había tenido un menor crecimiento, el 26%. Es el siglo en que dos obispos de Plasencia, Gutierre de Vargas Carvajal (1523-1559) y Pedro Ponce de León (1560-1573), van a dar un gran impulso a la construcción de nuevas iglesias en la Vera incluida la de Madrigal. Y el siglo en que se produjo la retirada de Carlos I al Monasterio de Yuste que tuvo influencia en la comarca. Llegó el Emperador a la fragosa soledad de Yuste el 3 de febrero de 1557.

El siglo XVII nos muestra la enorme regresión demográfica que sufrió nuestro pueblo en poco más de cien años, según el Vecindario de 1717 de Isidro Faxardo. De 126 vecinos en 1591 bajó a 23 vecinos en 1717. Perdió 103 vecinos, un 81,7% de la población. De 429 habitantes bajó a 79. El nuevo siglo se inicia con una recesión económica que coincide con la paralización de construcciones civiles y religiosas, agravándose posteriormente con las guerras fronterizas con Portugal y la incorporación a milicias, el empobrecimiento del campesino, la grave peste que devastó la población y la dura política tributaria del Señorío de Valverde contra el pechero. Estas crisis fueron las causas de tan fuerte caída demográfica y del grave estancamiento económico.

El siglo XVIII se inicia con un lento proceso de recuperación demográfica y una pequeña reactivación económica que produjo ligeras mejoras en las condiciones de vida locales y en el desarrollo de las bases productivas agrarias. Según el Catastro de Ensenada de 1753, Madrigal tenía 30 vecinos censados incluido el capellán, es decir alrededor de 100 habitantes. En 46 años había tenido un incremento del 26,5%. Este censo aporta una novedad: desglosa a los vecinos por profesiones. Además del capellán, había 4 viudas, pobres o menores de edad, 6 pastores o cuidadores de ganado, 12 labradores o ganaderos propietarios, 6 artesanos y 3 profesiones liberales que incluían además de las actualmente conocidas, escribanos, barberos, sangradores, administradores, recaudadores de rentas, arrendadores, cilleros -guardadores de la cámara de granos-, sacristanes, organistas y pregoneros.